María del Tránsito Álvarez

Maria transito

María del Tránsito Álvarez nació el 15 de agosto de 1874 en San Agustín. Era la hija de Patricio Álvarez y Bárbara Gelvis, según copia de la partida de nacimiento en los libros del archivo parroquial, ambos procedentes de Nariño. Se casó con Sixto Ortiz, con quien adquirió la hacienda El Batán con el fin de producir café y ganado. En esta casa nacieron sus hijos: España, Saturia, Pompilio, Chepa y Carmen. Mamá Tránsito era una mujer piadosa, a quien le gustaba alumbrar a los santos y fumar tabaco. Solía decir: “Rieguen para que recojan”.

La casa de El Batán fue la primera de dos pisos en San Agustín, hecha de teja de barro y madera fina. Allí los hombres pesaban la carne y pelaban el maíz con piedras cóncavas para pilar, a las que llamaban batanes. Las mujeres cernían la harina, preparaban el pan en los hornos caseros y lo guardaban en un cuarto especial. Felisa recuerda las preparaciones de achiras, hechas con harina de la planta Canna indica, los envueltos de insulso (masa de maíz) y los tamales que servían de fiambre a los trabajadores que rozaban los montes de Quebradillas. En las tardes soleadas tomaban mistela con menta, guarapo de caña y chancuco, bebida destilada a base de caña reina y anís. Hace unos quince años, Gloria Levazar retomó los recetarios de Mamá Tránsito, en particular la elaboración del bizcocho de achira. Hoy por hoy, su panadería es uno de los negocios más prósperos y reconocidos en todo el municipio.

 

Cuando no existían carreteras, la casa de El Batán funcionó como oficina de correo, posada gratuita de curas y obispos que iban para Popayán, arrieros que venían con recuas de ganado, y lugar donde se celebraban bautizos, matrimonios, velorios y hasta corridas de toros. Mamá Tránsito era muy bondadosa; nunca cobraba por el hospedaje, tan solo pedía que le dejaran dinero para sus tabacos y sus veladoras. En tiempos de la Violencia, El Batán se convirtió en bastión del liberalismo y quedó enclavado en medio de una región conservadora. Fue el único lugar que respetaron los “godos”; sin embargo, tras la devastación de la guerra, la hacienda fue mermando su capacidad productiva y a la muerte de su esposo, Sixto, Mamá Tránsito tuvo que empezar a vender las tierras.

El 18 de diciembre de 1966 Mamá Tránsito fue condecorada con una medalla cívica y un pergamino en el que se la reconoce como la más distinguida matrona de San Agustín (Repizo 1990, 87). Las hijas de don Parménides Hoyos, amigo y vecino, cuentan que su padre admiraba que, a sus noventa años, Mamá Tránsito enhebrara agujas sin mayores complicaciones (Hoyos, D. A y Hoyos, G., San Agustín, agosto de 2013). Era depositaria de la tradición del hilado que por generaciones ha hecho de las mujeres agustinenses hábiles tejedoras. Hasta el último día, a sus 105 años de vida, tuvo suficiente aliento para emprender largas caminatas por los senderos del valle de las estatuas y llegar a Ipiales a visitar a la Virgen de las Lajas.

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