San Agustín

Memoria y paisaje en el macizo colombiano

El Almanaque de San Agustín es un breve rastreo de los procesos de memoria y la producción de identidad de una comunidad cuya historia contemporánea está atravesada por el valor de sus huellas arqueológicas. En San Agustín, la actividad cultural y académica ha estado presente en procesos individuales y colectivos, entre los cuales se destacan las conmemoraciones, el interés por las genealogías, la búsqueda de los orígenes y la recuperación e invención de tradiciones. Estos procesos de la memoria, múltiples, fragmentarios y discontinuos, se concretan en un mosaico heterogéneo de lugares, como un parque arqueológico, una reserva natural, un museo comunitario, un hotel, una finca o un centro cultural, y por la acción de sus pobladores.

La vida cotidiana de San Agustín no sería lo que es en la actualidad sin la relación que ha establecido con la antropología a lo largo de su desarrollo, especialmente con la idea de la cultura agustiniana y sus vestigios megalíticos, la mayor parte de ellos emplazados en un parque destinado a la preservación, recuperación y revitalización de ese pasado que, en tanto recurso, adquiere un enorme valor. Ese “[…] pasado cuajado como cultura, dotado de nombre y apellido, y proyectado en el presente y hacia el futuro como patrimonio” (Kirshenblatt-Gimblett 1998, 149) ha hecho de San Agustín un espacio cultural protegido reconocible y reverenciable. Sin embargo, el carácter central y simbólico del parque y de toda la zona arqueológica es mucho más complejo; tiene múltiples sentidos y memorias para la gente de una región signada por el saqueo constitutivo que ha significado la experiencia de la guaquería y los conflictos territoriales del pasado y del presente.

El primer texto del Almanaque se refiere a la geografía de San Agustín como pueblo bisagra del Macizo Colombiano. El segundo es acerca de las memorias de los caminos y los procesos de poblamiento de los agustinenses de origen caucano y nariñense. En el tercero se toca el tema de la cultura agustiniana, el surgimiento del parque arqueológico y su configuración como espacio cultural protegido, hasta llegar a la declaración de este lugar como patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco. El cuarto aparte se refiere a los valores, creencias y representaciones asociadas con la práctica de la guaquería, en relación con las concepciones y políticas del patrimonio cultural. El quinto texto recoge la memoria de El Batán, una casa museo emblemática en la historia de San Agustín, tal como lo fue su dueña, una distinguida matrona de la sociedad agustiniana. En los textos “Mosaico de iniciativas” y “Un destino turístico tradicional” echamos un vistazo a las experiencias sociales y a los diversos sectores que surgieron tras la patrimonialización, el incremento del turismo y la forma como ambos hechos sociales —de largo aliento en la historia contemporánea del municipio— van quedando plasmados en el territorio. El último texto se refiere a las transformaciones causadas por el desarrollo de proyectos hidroeléctricos en el Huila y a su avance desde el norte del departamento hacia el Macizo Colombiano.

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